Personalità

Personalidad

La propia unicidad expresada también a través del perfume

¿Quiénes somos? ¿Qué nos distingue? Profundas preguntas filosóficas, pero que también evocan la sencilla búsqueda cotidiana de un estilo y una estética que, por un lado, puedan hacernos sentir a gusto y, por otro, sean capaces de comunicar nuestra personalidad y el estado emocional que vivimos.

Podemos considerar la personalidad como el conjunto de características distintivas y tendencialmente estables que constituyen la representación de uno mismo y la forma peculiar en que nos manifestamos ante los demás. El estado de ánimo, en cambio, es naturalmente cambiante, aunque se manifiesta en registros recurrentes y, en su mayoría, coherentes para cada persona.

Parecer y ser

Un corte o color de pelo, una ropa original, unos accesorios particulares, un maquillaje llamativo: todo contribuye a definir la imagen que nos gusta representar y que queremos transmitir. Una búsqueda atenta de los detalles según el propio gusto, pero también la ausencia de cuidado, es un mensaje que enviamos y que nos define de una manera u otra.

En esta construcción de la imagen, la definición cromática de nuestro aspecto tiene una relevancia particular. Los colores, de hecho, estimulan reacciones y remiten a sensaciones muy definidas. Por ello, llevaremos una paleta de colores que se adapte a los rasgos de nuestra personalidad o a nuestras características físicas: los colores vivos se asocian a caracteres exuberantes, los tonos pastel a personas más reservadas. La colorimetría, es decir, el análisis de los colores en relación con la piel, completa después el desarrollo de una imagen armónica y coherente.

Pero hay algo más que nos identifica de forma natural y poderosa.

Identidad y relación

Una característica distintiva de todo ser humano es el olor, mientras que el olfato es el sentido más arcaico, inmediato y evocador. Inevitablemente, estamos definidos por las percepciones olfativas que estimulamos en los demás o que experimentamos en nosotros mismos.

Sobre este aspecto natural, Patrick Süskind construyó una sugerente metáfora narrativa que, en la hipérbole de la novela negra, transmite la importancia de este sentido. El protagonista de la novela El perfume posee un olfato sorprendente, pero carece por completo de un olor propio. No experimenta sentimientos humanos y, estigmatizado por su diferencia, es rechazado por la comunidad.

El olor se representa así como expresión de la identidad personal, y su ausencia como negación de cualquier posible relación. Jean-Baptiste Grenouille utilizará después su prodigioso sentido para captar morbosa e insaciablemente cada fragancia y, tras adquirir el arte de la perfumería, para crear perfumes irresistibles con los que perseguirá su locura.

Familias olfativas y rasgos de carácter

Más allá de la metáfora literaria, el perfume puede considerarse sin duda una extensión perceptible de uno mismo y un verdadero puente relacional con los demás individuos. Las distintas familias olfativas pueden, de hecho, representar diferentes rasgos de carácter, distinguiendo con eficacia las diversas personalidades.

Por ejemplo, las notas cítricas y frescas suelen ser elegidas por personas dinámicas y vivaces. Las notas florales, en cambio, son características de individuos más reflexivos y sensibles. Las fragancias amaderadas y especiadas distinguen personalidades profundas y asertivas, mientras que las orientales y ambaradas son propias de quienes juegan con la seducción y el misterio.

Pero hay más: los perfumes pueden acompañar los estados de ánimo y, finalmente, estimular reacciones psicofísicas. La aromacología es precisamente la ciencia que estudia las relaciones entre los perfumes y las emociones, e investiga cómo las percepciones olfativas pueden modificar o acompañar los estados de ánimo.

Experimentar un bienestar armonioso

Silvia Martinelli, nez y fundadora de Giardini di Toscana, está convencida de ello y considera que existe un perfume para cada momento:

A lo largo del día se alternan situaciones y emociones diferentes. Por eso necesitamos llevar un perfume que no solo refleje nuestro carácter, sino que nos complete en nuestras sensaciones y esté en armonía con los sentimientos que experimentamos.

Silvia pone como ejemplo los delicados perfumes florales, que inducen una sensación de acogida e incluso de protección.

Matices cremosos de rosa, peonía y jazmín te abrazan y realmente te aportan bienestar en un momento en el que se siente la necesidad de ternura, de intimidad.

Silvia invita así a experimentar con diferentes fragancias e identificar aquellas que nos hacen sentir bien, que sentimos que nos pertenecen por carácter o que se asocian a un sentimiento particular que estamos viviendo intensamente o que queremos revivir.

Encontrarse en un perfume

¿También vosotros habéis encontrado el perfume que refleja vuestra personalidad o aquel que se asocia mejor con vuestras emociones? Compartid vuestra experiencia.

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