Seduzione

Seducción

Cómo los perfumes nos invitan a gustarnos y a gustar, a buscarnos y a conquistarnos.

Nos comunicamos mediante la palabra, el gesto, la postura y la mirada, pero también a través de nuestro olor natural y del perfume que llevamos. Transmitimos mensajes por medio de la emanación de nuestra piel, combinada con las fragancias que elegimos vestir. Son mensajes únicos para cada persona, intensos y eficaces, cuyo propósito natural es despertar la curiosidad, atraer y cautivar. En otras palabras, estos estímulos crean las condiciones ideales para iniciar o reforzar una relación con el otro.

A través del sentido del olfato nos damos a conocer y nos hacemos apreciar: de forma consciente o inconsciente, recurrimos a este instrumento natural de seducción.

Deseo y perfume

En El amante, la apasionada e intensa novela de Marguerite Duras, la relación entre la percepción olfativa y el erotismo se expresa con extraordinaria fuerza y sensibilidad.

La joven protagonista se abandona a las sensaciones que despierta el olor del cuerpo de su amante:

Huele a tabaco inglés, a perfume de lujo, a miel; su piel ha adquirido el olor de la seda, el aroma afrutado de la seda tussah, el olor del oro. Lo deseo.

El perfume percibido se convierte después en memoria, en el recuerdo de una emoción y de una persona deseada, quizá amada y más tarde perdida:

...y a veces, de repente, me parece volver a percibir el olor de la seda, del tabaco inglés, de la piel de aquel hombre...

Duras describe la intensidad de una relación que involucra todos los sentidos; una relación que nace precisamente de un impulso sensorial en el que el olfato ocupa un lugar protagonista.

Sensualidad y pasión

En este juego de seducción intervienen dos componentes: una afinidad orgánica y química con el olor natural de la piel y la respuesta espontánea e inmediata a los estímulos que producen en nuestro sistema límbico las moléculas odorantes que llevamos sobre nosotros o con las que simplemente hemos entrado en contacto.

Muy pronto el ser humano comprendió que existían esencias especialmente eficaces y que, a partir de ellas, podían crearse perfumes capaces de despertar la sensualidad y predisponer a la pasión.

El arte de la perfumería tiene miles de años de historia, como demuestran los hallazgos arqueológicos. Más allá de su dimensión ritual y religiosa, adquirió muy pronto un importante valor social. Las fragancias se convirtieron en una expresión personal de identidad y en un refinado medio de comunicación no verbal. En la antigua Roma, su uso llegó incluso a rozar el exceso, como ironizaba el poeta Marco Valerio Marcial en uno de sus epigramas, donde ridiculizaba a una patricia por el uso desmedido de perfumes. Según el poeta, se perfumaba con tal profusión que, cuando pasaba, parecía que toda la tienda de su perfumista se hubiera trasladado con ella.

Más allá de la sátira social, la asociación —directa o indirecta— entre el perfume y la seducción pronto se hizo evidente y continúa siéndolo en la actualidad, como demuestra la comunicación del sector, capaz de evocar este vínculo mediante imágenes de gran poder sugestivo.

Moléculas seductoras

La perfumería moderna ha desarrollado una extraordinaria variedad de moléculas cuya combinación armónica da lugar a creaciones de marcada personalidad. Las familias olfativas que tradicionalmente se asocian con la seducción son aquellas caracterizadas por notas cálidas, intensas, persistentes y, a menudo, dulces. Encontramos así las envolventes y profundas armonías de las fragancias orientales (vainilla, ámbar y especias exóticas), las composiciones chipre (bergamota, pachuli y almizcles) y las fragancias amaderadas (con notas de sándalo, vetiver y oud), que se unen para crear perfumes estimulantes e inolvidables.

Juego y seducción

Silvia Martinelli, nez y fundadora de Giardini di Toscana, ha creado fragancias inspiradas precisamente en el juego y el encanto de la seducción.

Un perfume debe seducir. Ante todo, para que uno mismo se sienta bien consigo mismo. Después surge también el deseo de encontrarse con alguien… y conquistarlo.

Por ello recomienda elegir perfumes caracterizados por notas intensas:

Propondría la nardos (tuberosa) como materia prima: una flor extraordinaria y llena de matices, capaz de aportar personalidad a una fragancia audaz y envolvente. La definiría como una auténtica seductora de la perfumería, por su carácter intenso y magnético. Del mismo modo, las fragancias que combinan armoniosamente resinas y ámbares pueden inspirar y cautivar.

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